domingo, 1 de febrero de 2026

 Por qué damos testimonio de Cristo y seis puntos prácticos en cuanto a cómo hacerlo

Es posible que hayamos escuchado la frase “dar testimonio de Cristo”. Pero ¿qué significa? Dar testimonio simplemente significa decirles a otros lo que hemos experimentado personalmente del Señor Jesús.


Por ejemplo, cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador, quizás les hablamos a nuestros amigos o familiares acerca de nuestra experiencia de salvación y lo maravillosa que fue. Ese fue nuestro testimonio ante ellos.


¿Por qué necesitamos dar testimonio de Jesucristo?

Numerosos versículos en el Nuevo Testamento nos dicen que debemos dar testimonio de nuestro Señor y Salvador para que los pecadores puedan ser llevados a la salvación. Veamos algunas de las razones por las que debemos dar testimonio.


1. El Señor resucitado nos comisionó

En los evangelios de Mateo y Marcos se registra el mandato indisputable del Señor a Sus creyentes. Mateo 28:19 dice:


«Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones”.


Y Marcos 16:15 dice:

“Id por todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación”.

Antes que el Jesús resucitado ascendiera al cielo, Él les dio a Sus creyentes un mandamiento: ir y predicar el evangelio. Ésta fue Su comisión a Su iglesia, lo que significa que incluye a todos los que hemos sido redimidos y nacidos de nuevo.

Cada uno de nosotros ha sido encomendado por el Señor para proclamar las buenas nuevas de Su salvación. El Señor Jesús nos encomendó a ir con Su precioso evangelio a toda la creación —es decir, a todas partes— y a todas las naciones, en otras palabras, a todas las personas de cada raza.

Así que debemos proclamar el evangelio porque nuestro Señor, Aquel que murió por nosotros y se levantó de entre los muertos, nos encomendó hacerlo. Él nos ha dado la responsabilidad de predicar el evangelio a los pecadores que nos rodean, e incluso a toda la tierra.


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2. Somos pámpanos en la vid con el fin de llevar fruto

El Señor Jesús dijo en Juan 15:5:

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis hacer”.


Más adelante, en el versículo 16, Él dijo:

“No me escogisteis vosotros a Mí, sino que Yo os escogí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto”.

El cuadro de los pámpanos en la vid nos muestra nuestra relación con el Señor. Al permanecer unidos a la vid, los pámpanos disfrutan de la vida de la vid y florecen. Pero la meta de este disfrute es que los pámpanos lleven fruto.

Fruto en Juan 15 se refiere a las personas que son salvas por medio de nosotros. Así que todos debemos “ir” para decirles a otros acerca del Señor Jesús para que muchos más puedan ser salvos.


3. Los incrédulos necesitan oír el evangelio

No importa quiénes sean o lo que hayan logrado o no, todos los seres humanos tienen una necesidad espiritual desesperada. Las palabras de Pablo en Romanos 1:14 nos muestran nuestra responsabilidad hacia ellos:

“Deudor soy igualmente a griegos y a bárbaros, a sabios y a ignorantes”.

Cada uno de nosotros los creyentes es un deudor. Le debemos una gran deuda a las personas que nos rodean que aún no son salvas. Aquellos que no han creído en el Hijo de Dios perecerán eternamente en el lago de fuego. Se lo debemos a nuestros parientes, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y otros el decirles acerca del Salvador para que puedan creer en Él y recibir la vida eterna.


¿Dónde estaríamos hoy si nadie nos hubiera hablado de Jesús? Romanos 10:14 dice:

“¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien proclame?”.

Si las personas nunca tienen la oportunidad de oír el evangelio, ¿cómo pueden creer? Es por esto que debemos proclamar al Señor y Su salvación a otros.


4. El reino de Satanás sufre pérdida

Satanás quiere mantener a la gente bajo su autoridad maligna. Pero cuando las personas creen en el Señor Jesús, son liberados de la tiranía de Satanás sobre ellos. En Hechos 26:18, Pablo describió de esta manera la comisión que el Señor le dio:

“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la autoridad de Satanás a Dios; para que reciban perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados por la fe que es en Mí”.

Cuando hablamos a las personas acerca de Jesús y ellas lo reciben como su Salvador, se convierten de las tinieblas a la luz y de la autoridad de Satanás a Dios. Ellas reciben el perdón de sus pecados y obtienen una rica herencia espiritual. ¡Más cautivos de Satanás son liberados y el reino de Satanás sufre pérdida!


¿Cómo damos testimonio de Cristo?

Ahora hablemos de algunos puntos prácticos sobre cómo dar testimonio.


1. Conságrese al Señor

Darnos al Señor al consagrarle áreas específicas de nuestra vida, como nuestro trabajo, nuestra familia, nuestro tiempo, etc., le provee al Señor la manera de crecer en nosotros en esas áreas. También podemos consagrarnos al Señor para ser testigos de Él y hacer una oración sencilla como ésta:

“Señor, me entrego a Ti en este asunto. Ayúdame a dar testimonio de Ti a las personas que has puesto en mi vida”.


2. Ore por las personas

Es muy importante que oremos por las personas. Nuestro Señor quiere que la gente sea salva y Él seguramente escucha nuestras oraciones por ellos. Podemos orar algo como:

“Señor, oro por mi primo. Todavía no es salvo. Muéstrame qué decirle. Señor, por favor dale un corazón abierto para que escuche lo que yo hable acerca de Ti. ¡Señor Jesús, sálvalo!”

Es útil hacer una lista de nuestros familiares, amigos, vecinos, compañeros de clase y compañeros de trabajo que no son salvos para que podamos orar por ellos con regularidad.

Podemos preguntarle al Señor específicamente con quién debemos hablar, qué debemos decir y cuándo. Incluso podemos pedirle al Señor que nos dé oportunidades para hablar con las personas.


3. Tenga la seguridad de que ser salvo es el único requisito necesario

Asistir a un seminario o recibir un entrenamiento especial no es un requisito para dar testimonio del Señor. Creer en Jesús y recibirlo como nuestro Salvador es el único requisito que necesitamos.

Esto está comprobado por los relatos en el Nuevo Testamento de personas recién salvas que hablaron inmediatamente acerca de Cristo y lo que Él había hecho por ellos. Por ejemplo, en Juan 4, la mujer samaritana conoció a Jesús en el pozo, y luego inmediatamente les contó a todos en su ciudad acerca de Él.


4. Hable acerca de lo que ha experimentado de Jesucristo

No necesitamos componer un sermón para dar testimonio a las personas. Tampoco necesitamos tener todas las respuestas a las preguntas acerca de Dios que podrían hacernos. El apóstol Juan dijo en 1 Juan 1:3:


“Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos también a vosotros”.

Juan simplemente escribió acerca de lo que había visto y oído. De la misma manera, nosotros podemos hablar acerca de lo que hemos visto y oído de Jesucristo, es decir, lo que hemos experimentado y disfrutado del Señor.

Por ejemplo, podemos decirles a las personas cuán agobiados por el pecado y la culpa estábamos, cómo Jesús murió por nosotros y cómo Él nos salvó. O podemos decirles que Jesús ahora vive en nosotros y está con nosotros todo el tiempo. Incluso si somos recién salvos, podemos decir: “¡Estaba vacío y solo, pero ahora Jesús vive en mí!”

Podemos hablar de lo que Jesús hizo por nosotros. Podemos hablar de Su amor para con nosotros y de Su cuidado para con nosotros. Si nos detenemos a pensar en ello, ¡tenemos mucho que decir sobre nuestro querido Señor!


5. Practique hablar con la gente

No podemos esperar tocar bien el piano si nunca practicamos. Hablar a la gente acerca del Señor también requiere práctica. Podría ayudar establecer una meta de hablar con una persona cada semana o cada dos semanas, por ejemplo. De lo contrario, sería fácil posponer la práctica y nunca empezar. 

Cuanto más practiquemos, más aprenderemos a alcanzar a diferentes tipos de personas y a ser más eficaces para guiarlos a la salvación.


6. Cuéntele a las personas acerca de Jesús de diferentes maneras

Hay muchas maneras y muchas oportunidades de dar testimonio a los que nos rodean. El libro de Hechos está lleno de relatos de personas siendo salvas por medio de diferentes creyentes.

Por ejemplo, podemos escribir una carta o un correo electrónico a alguien que conocemos para compartir al Señor Jesús con ellos. Podemos escribir de nuestra experiencia de salvación o cómo el Señor ha obrado en nuestras vidas. 

También podemos estar preparados para hablar algo del Señor a nuestros amigos, parientes o colegas cuando se nos presenten oportunidades. Podemos decir algo acerca de cuán real el Señor es para nosotros y cómo queremos que ellos también puedan experimentar esto por sí mismos.

Repartir tratados del evangelio es otra manera excelente de compartir algo acerca de Jesús, especialmente si no hay mucho tiempo para hablar. Por ejemplo, podríamos darles tratados a las personas mientras estamos en la tienda, usando el transporte público o haciendo mandados. Podríamos decirles algunas palabras sobre el Señor basándonos en un tratado mientras se lo damos. Entonces el tratado puede hablarles incluso cuando no estemos con ellos.


La Santa Biblia de Estudio Versión Recobro ha desarrollado algunos recursos en nuestro sitio blogger tipo web para compartir el evangelio de Jesucristo con la gente. Puede enviar un tratado digital, video, entrada de blog del evangelio o episodio de podcast a alguien por mensaje de texto, correo electrónico, Facebook o Twitter. Le animamos a que consulte la página aquí.

Nosotros los cristianos tenemos el don de la vida eterna y podemos compartir ese don con nuestros parientes, nuestros amigos y nuestros vecinos. Que el Señor Jesús nos llene de Su gran amor mientras oramos por las personas y damos testimonio a ellos acerca de nuestro maravilloso Señor y Salvador.

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Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede descargar  aquí.


Predicar el evangelio


Proclamar el evangelio de Jesucristo a todo el mundo

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Quiénes somos

 Proclamar el evangelio de Jesucristo a todo el mundo

En Marcos 16:15 el Señor Jesús encargó lo siguiente:


“Id por todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación”.


¿A quién se le dio este encargo? En esta entrada discutiremos quiénes son los que deben proclamar y por qué deben proclamar el evangelio.


¿Quiénes son los que proclaman el evangelio?

Es probable que al principio sólo veamos este versículo y consideremos que el encargo del Señor aquí solamente se aplica a un grupo de creyentes en particular, como a los once apóstoles que estuvieron con el Señor. Pero, ¿quiénes eran los apóstoles? Los apóstoles eran personas que vieron y recibieron al Cristo crucificado y resucitado como su Salvador.

¿Qué significa esto? Si hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador, entonces estamos calificados para proclamar el evangelio. Asistir a una escuela especial o completar un programa para predicar el evangelio no es un requisito para proclamar el evangelio. Lo que nos califica para proclamar el evangelio es haber sido redimidos por Cristo y regenerados con Su vida.

Un buen ejemplo es la historia de la mujer samaritana mencionada en Juan 4. Tan pronto como ella creyó en el Señor Jesús y lo recibió como el agua viva, dejó su cántaro, fue a la ciudad, y le dijo a la gente: “Venid, ved a un hombre, que me ha dicho todo cuanto he hecho ¿No será éste el Cristo?” No esperó hasta ir a una escuela para aprender a predicar el evangelio. Sencillamente le dijo a la gente sobre el Jesús maravilloso que había conocido. Al igual que ella, también nosotros podemos decirle a alguien acerca de este Cristo precioso a quien hemos aceptado como nuestro Salvador.

Así que en realidad, el encargo de nuestro Señor y Cristo crucificado y resucitado incluye a todos los creyentes. Él desea que cada uno de Sus creyentes le diga a las personas las buenas nuevas de Su salvación.


¿Por qué debemos proclamar el evangelio?

Ahora que hemos visto que todos los creyentes son los que deben proclamar, veamos la razón por la cual debemos proclamar el evangelio.

Primero, proclamamos el evangelio de Jesús porque nuestro Señor nos encargó hacerlo. Somos bendecidos cuando no nos resistimos o tenemos discrepancias acerca del encargo que nos hizo el Señor sino que respondemos en fe: “Sí, Señor, deseo tomar este encargo seriamente y obedecerte. Hazme uno que proclama Tu evangelio a las personas”.

Ahora veamos otras dos razones importantes por las cuales debemos proclamar el evangelio de Jesucristo.


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La Santa Biblia de estudio Versión Recobro contenido principalmente varias notas iluminadoras tanto en el antiguo  y nuevo testamento, que le ayudará a entender la Palabra de Dios. Usted puede leer la nota completa con sus versículos de referencia para obtener un entendimiento más profundo de esta maravillosa revelación, que le ayudará a entender la Palabra de Dios.


1. Las personas necesitan oír el evangelio

Romanos 10:14 nos muestra la manera en que las personas pueden ser salvas:

“¿Cómo, pues invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien proclame?”

Proclamamos el evangelio para que las personas lo escuchen y crean en el Salvador quien murió por ellos y resucitó para ser su vida.

Ninguno de nosotros es creyente por nacimiento. Cada uno de nosotros es un creyente en Cristo y disfruta la salvación Dios debido a que alguien nos proclamó a Dios. Nosotros tenemos una deuda con nuestros amigos, parientes y con otras personas que Dios ha puesto en nuestras vidas de decirles acerca del Salvador.

El apóstol Pablo expresó este sentir en Romanos 1:14-15:

“Deudor soy igualmente a griegos y a bárbaros, a sabios y a ignorantes. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma”.

Todos conocemos a alguien que necesita salvación. Quizás sea alguien con quien usted trabaja, nuestro vecino o un amigo. Las personas se sienten heridas por dentro; se sienten perdidas y vacías. Ellos anhelan saber el propósito de su existencia. Les debemos el evangelio. Ellos necesitan escuchar acerca del Salvador que nos ama a fin de que puedan creer en Él. Esta es la razón por la cual debemos obedecer el encargo solemne del Señor de proclamarles el evangelio.


2. Necesitamos fluir a otros

Para estar espiritualmente saludables es necesario que pasemos tiempo diariamente con el Señor Jesús en las mañanas para alimentarnos de Su Palabra. Pero es igual de necesario compartir a Cristo con otros. Cuando no lo hacemos, sentimos como que nos falta algo. Esto se debe a que el Señor quien vive en nosotros no sólo desea que nosotros lo recibamos y disfrutemos sino que también lo fluyamos a otros.

Podemos usar como ejemplo una manguera. La llave llena la manguera de agua y cuando ésta funciona correctamente, el agua fluye hasta el otro lado. Pero, si la manguera tiene un tapón en la salida tendríamos un gran problema: nada pudiera fluir hacia afuera, lo cual también implica que nada puede entrar en ella.

Ciertamente necesitamos estar en “la llave” de Cristo para recibir más de Él por medio de la oración y la Palabra de Dios, para que de esa manera crezcamos en Él. Esto es lo que ingerimos. Pero como la manguera, nosotros también necesitamos una salida; compartir al Señor Jesús con otros es esa salida. El Señor quien vive en nuestro espíritu quiere fluir. Él ama a las personas y desea que sean salvas. Cuando no le hablamos a otros acerca de Él, nuestro fluir es obstruido, lo cual hace que otros no tengan la oportunidad de escuchar el evangelio, lo cual afecta también nuestro disfrute de Cristo.

Entre más recibimos y disfrutamos al Señor, espontáneamente más desearemos hablarle a las personas y decirles acerca del Cristo que apreciamos y disfrutamos. Por otro lado, mientras les decimos a las personas acerca de Cristo, experimentamos ser llenos de Él como el agua viva de nuevo.


Confiar en la oración y el evangelio

Por supuesto, la oración debe acompañar nuestro proclamar; debemos orar por la salvación de personas específicas que el Señor ha puesto en nuestros corazones. Por medio de la oración también podemos ser limpiados de nuestros pecados a fin de ser un canal transparente para que el Señor fluya a los demás por medio nuestro.

La palabra del evangelio es poderosa. Pablo dijo en Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”.

¿Cuál es el poder de Dios?” La nota 1 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro lo explica:

“Esto significa una fuerza potente que puede abrirse paso a través de cualquier obstáculo. Este poder es el mismo Cristo resucitado, quien es el Espíritu vivificante, y resulta en salvación para todo aquel que cree”.

¡El evangelio de Dios puede llevar a un pecador a la salvación! Y qué salvación abundante tenemos! Así nos lo muestra la nota 2:

“Salvar a los creyentes no sólo de ser condenados por Dios y de la perdición eterna, sino también de su vida natural y de su yo, para que sean santificados, transformados, y también edificados con otros en un solo Cuerpo de Cristo, a fin de que sean Su plenitud y expresión (Ef. 1:23)”.


Proclamar a fin de rescatar al perdido

Si meditamos en la situación actual del mundo, nos daremos cuenta de cuán urgente tanto nuestra oración como predicar el evangelio es.

Fanny J. Crosby, autor de muchos himnos muy queridos, escribió el siguiente himno. En él expresa con elocuencia la necesidad que tiene la humanidad del Salvador, al igual que nuestra responsabilidad de compartir las buenas nuevas de Jesucristo. Que el Señor hable a nuestros corazones acerca de amar a las personas y de proclamarles el evangelio. Y que podamos responder a Él por medio de orar por la personas y hacerles saber de Su gran amor y salvación para con ellos.


Rescata con piedad

Los que perecen,

Para salvarlos de muerte eternal;

Llora por todo aquel

Que está perdido,

Dile de Cristo el fuerte en salvar.


Guía al perdido,

Alza al caído.

Con compasión Jesús

Los salvará.


En ellos hay desdén,

Más Cristo espera,

Al penitente Él quiere atender;

Insiste con fervor

Y con ternura,

Perdonará a los que crean en Él.


La gracia sanará

Los sentimientos

Tan aplastados por el tentador;

De nuevo vibrarán

Las cuerdas rotas,

Al ser tocadas por tan grande amor.


A todos rescatad,

Es el encargo,

Para la obra da fuerza el Señor;

Tráelos a la verdad

Con fe y paciencia,

Dile al errante que Cristo murió.


(Aquí puede escuchar la tonada de este himno.)

El versículo, nota y referencia paralela son de la Santa Biblia Versión Recobro, publicada por Living Stream Ministry. Puede descargar en formato PDF Aquí gratuita o pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.


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